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Atlético perdió por poco y sufre mucho

Iban aproximadamente 25 minutos del primer tiempo y Marcelo Gallardo, vestido de traje, tomaba café, mientras miraba el partido. A escasos metros de él, los jugadores de Atlético y River patinaban por el barro, se pateaban sobre la misma línea en la que estaba parado y se agarraban las camisetas (la de Ignacio Scocco a manos de Mathías Abero en el área, por ejemplo).

Horas antes de viajar a Tucumán, había dicho que el partido que sus dirigidos le ganaron al “Decano” no era una final ni un partido decisivo. La imagen suya con el vaso blanco humeante en la mano, mientras adentro se mataban por entrar a la Copa Libertadores 2020, parecía ir de la mano con su declaración.

Adentro del vestuario, antes del partido y seguramente en la charla técnica, seguramente no hubo café ni masitas. Así se vio a su equipo en los primeros minutos del partido en el que midió fuerzas con Atlético y los resultados eran parejos pero River estaba un segundo más adelante.

Incluso con una cancha pesada en la que la pelota tenía problemas para rodar. Incluso más adelante que Rodrigo Aliendro, que se caracteriza por anticiparse a todos. Esta vez, abrumado por el medio campo de River, quedó atrasado como todo el equipo.

No es que Atlético haya sido tremendamente inferior a River pero ese segundo más con el que contaban los visitantes, es crucial ante un equipo como ese. Quizás el que menos sentía esa diferencia de velocidad era José San Román, que por la derecha cumplió algo más que un buen partido, aunque no terminaría alcanzando.

El equipo de Ricardo Zielinski no se dejaba llevar pero dejaba pasar chances inmejorables. Gervasio Núñez, con la 10 en la espalda y el 9 (Mauro Matos) libre y frente al arco, desoyó el manual y prefirió patear al arco, aún con varios obstáculos en el medio. Un pecado que River le hizo pagar apenas segundos después.

Tan pesada estaba la cancha que River probó por arriba y no le fue mal. Mucho más si la defensa de Atlético cometería otro pecado: el despeje al medio de Jonathan Cabral. Sin perder ni un segundo (ese segundo que siempre estuvo adelantado), Cristian Ferreira, la nueva gema de Núñez, le pegó de sobrepique y convirtió el único gol del partido.

Esa secuencia, en la que el resultado pasó de un potencial 1-0 a favor de Atlético a un 0-1 en contra, noqueó al “Decano”. Durante el resto del primer tiempo, se repitió en sus formas para inquietar a Franco Armani, que en todo el partido estuvo parado donde tenía que estar parado. Y cuando no estaba bien parado, lo salvó la bandera.

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