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Las 6 claves de la inflación más alta en 27 años

Si algo no caracteriza a la gestión de Cambiemos es cumplir con sus proyecciones macroeconómicas. En principio, bajo la presidencia de Sturzenegger en el Banco Central, las metas de inflación fueron la estrategia usada, aunque nunca alcanzada.

En 2016 la meta era de un incremento de precios del 25% y terminó aumentando un 40%. En 2017 la meta inflacionaria se fijó entre 12 y 17% para terminar siendo del 24,8%. En el 2018 primero se anunció una meta de entre el 8 y 12% de aumento de precios. Sin embargo, antes de que comience el año hubo un cambio en la estrategia o un anticipo de lo que iba a suceder.

Federico Sturzenegger, primer presidente del Central de Cambiemos, y parte de su equipo, al presentar la primera meta inflacionaria para 2018.
El 27 de diciembre de 2017 el gobierno anunció modificaciones en las metas de inflación, pasando del 10% (+/- 2%) proyectado para 2018 a un 15%, pasando de un rango a un objetivo fijo.

Tan importante fue ese día que hay largos debates entre los y las economistas para evaluar la incidencia del 27D a los descalabros que sufrió la economía a lo largo de este año. Lo claro es que generó incertidumbre y falta de confianza de los mercados hacia la capacidad de cumplir del gobierno.

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El dólar, los precios y la inflación cambiaria
El 27D llevo al dólar a comenzar el 2018 valiendo casi $20, cuando su valor al cierre de 2017 rondaba los $18.

Este aumento en el tipo de cambio conlleva efectos en los precios por varios motivos de los que podemos destacar: el aumento de los combustibles (atados al valor del dólar) que encarece toda la cadena productiva; en el mismo sentido, las tarifas de servicios que “actualizan” sus precios con cada devaluación, incrementando los costos; y el aumento del precio interno ya que al encarecerse el dólar aumenta el valor en pesos de las exportaciones.

De esta forma, cada salto en el precio de la divisa norteamericana implica presiones inflacionarias y las corridas cambiarias sufridas durante el año pasado, que marcaron un dólar cercano a los $42 a fines de septiembre, dan un panorama del por qué de la inflación histórica.

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Sin maquinita pero con inflación
Las metas inflacionarias no funcionaron y se llevaron, junto con la ilusión, la presidencia de Sturzenegger en el Central. Lo sucedió Caputo, que en su corto mandato no pudo manejar las corridas cambiarias y en sus acciones sorpresivas se gano la desconfianza del Fondo Monetario Internacional, ya veedor de nuestra economía. El segundo acuerdo llego con un nuevo presidente para el Banco Central: Guido Sandleris.

El programa monetario, con un esquema de crecimiento cero en la base monetaria, busca secar la plaza: que no haya pesos circulando para que no presionen a los precios ni al tipo de cambio. Esto, obviamente, tiene como contracara lo que se evidencia en los indicadores: la caída del consumo, la inversión y la producción.

A pesar de las tormentas la idea se mantiene y fue incluso parte de la campaña de Cambiemos: la inflación se debe a la emisión monetaria. La famosa maquinita como la única culpable del incremento de los precios.

Sin embargo, los efectos de la devaluación sobre la inflación quedaron más que expuestos en el año que pasó y la apuesta a que sea la recesión la que frene los precios se lleva en su camino a la producción orientada al mercado interno, al empleo y el poder adquisitivo.

A su vez, la política de esperar que bajen los precios por efecto de la recesión pero aumentar las tarifas controladas no parece ser eficiente para desacelerar los precios. De todas formas, este año el gobierno mantiene la política de eliminar los subsidios a los servicios, lo que trae una nueva tanda de aumentos en las tarifas en los primeros 3 meses del año.

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Inflación mes a mes
La inflación debía cumplir un ritmo del 1,2% mensual para cerrar el año con el 15%. Sin embargo, el primer mes del año mostro una inflación de 1,8% y lejos de tender a la baja, fue el menor aumento de precios evidenciado en 2018.

En febrero ya había anunciados aumentos en combustibles, servicios y transporte, por lo que el piso inflacionario ya superaba el objetivo del 1,2%. Finalmente cerró el mes en 2,4% y ya se prefiguraba un escenario complicado para cumplir con la meta inflacionaria del 15%.

Para marzo la inflación mensual fue del 2,3% y se volvió evidente que la meta no iba a ser alcanzada y que el proceso de reducir el incremento de precios iba a ser, cuanto menos, más lento. Aún no se prefiguraba como iba a terminar el año.

En abril la inflación marcó un nuevo piso y cerró con 2,7%. Ya se acumulaba casi un 10% en el año y habían pasado solo 4 meses.

 

Mayo comenzó con un dólar cerca de $22 y terminó llegando a los casi $26. La corrida tuvo su impacto y la inflación mensual fue del 2,1%, dejando a su vez un arrastre importante para Junio.

Los efectos de la corrida llegaron a junio que cerró con un incremento de precios mensual del 3,7%. Ya se había superado en esos primeros 6 meses esa segunda meta del 15% anual. Comenzaron los diálogos con el FMI y el nuevo objetivo en el marco del primer acuerdo era no superar el 27% de inflación anual.

En julio hubo un 3,1% de incrementos de precios en el año y en agosto se marcó un nuevo pico: 3,9% de inflación mensual. La explicación venia por el aumento de las tarifas y el transporte, sumado al incremento en el valor del dólar.

La inflación en agosto acumulaba casi el 25% y faltaban aún 4 meses para cerrar el año, el primer acuerdo con el FMI ya se veía incumplible. La corrida cambiaria en ese mes ya marcaba un piso alto para septiembre.

La primavera llego con grandes aumentos y septiembre fue el mes más caliente del año: los precios crecieron un 6% en solo 30 días. La suba mensual tan alta dejó un arrastre importante para octubre, sumados a los aumentos en las tarifas como el gas y el transporte, que cerró en 5,4%.

Con pocos pesos dando vueltas en la economía la inflación logró desacelerarse, a costa de la actividad económica y de todos los sectores orientados al mercado interno. Los precios mayoristas nunca llegaron a traspasar los costos ante un consumo en picada y la inflación para noviembre fue del 3,2%.

La calma del dólar, atada a una tasa de interés que no logra bajar del 57%, permitió una evolución de precios que si bien es alta parece marcar la tendencia a la baja, siempre y cuando se mantenga la pax cambiaria.

En diciembre los precios sufrieron un 2,6% de aumento mensual. De esta forma, la inflación anual es de 47,6%.

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¿Y 2019?
Si bien la meta inflacionaria para el 2018 era del 15% terminaremos el año con 47,6% de incremento de precios. Mientras tanto los sueldos crecieron, en un promedio benevolente, un 30% por lo que la caída del poder adquisitivo es evidente.

Las perspectivas para 2019, con aumentos de más del 40% en tarifas de electricidad, gas y transporte público, no parecen mejores. Dadas las condiciones actuales, los y las especialistas estiman una inflación en torno al 33% para este año.

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La inflación en nuestro país

Los picos:

1991: en el segundo año de la presidencia de Carlos Menem y saliendo de la hiperinflación del período previo los incrementos de precios fueron del 84%.
2002: luego de la crisis económica y declarar el default en 2001, la inflación llegó al 40,9% bajo la presidencia de Eduardo Duhalde.
2014: bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner el INDEC arrojó una inflación del 23,9% mientras que la inflación Congreso midió un 38,5% y la medición oficial del gobierno de la ciudad de buenos aires fue del 41%.
2016: durante el primer año de gobierno de Mauricio Macri, el alza de precios llegó al 40,3%.
2018: El tercer año de Cambiemos en el poder deja la inflación más alta desde 1991: 47,6%. Por: Candelaria Botto , FILONEWS

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