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Sale Di María, entra Pavón: cambio cantado, ¿polémica en puerta?

Entre las variantes que Jorge Sampaoli planifica con miras al partido del jueves, la de Cristian Pavón por Ángel Di María estaba cantada. Fue marcada la diferencia entre ambos, ocupando la misma posición. Pavón logró en pocos minutos lo que Di María no había conseguido durante el resto del partido: gambetear hacia adelante y desbordar por la izquierda. Además, estuvo cerca del gol (remató cruzado y el arquero islandés desvió la pelota en una volada excepcional) y le cometieron un penal que el árbitro polaco y el VAR ignoraron. Pero por sobre todo Pavón exhibió dos virtudes que el equipo necesita como el agua en el desierto: lucidez y atrevimiento.

Di María, uno de los históricos más cuestionados de un buen tiempo a esta parte, se veía venir la decisión de Sampaoli. El momento cumbre del rosarino con la celeste y blanca se produjo hace cuatro años en San Pablo, cuando Argentina superó los octavos de final en la agonía del tiempo suplementario gracias a aquel golazo que convirtió entrando al área, tras una precisa habilitación de Lionel Messi. Ese grito de gol de Di María había tenido mucho de catártico y el corazón que formó juntando los dedos fue el trasfondo de una aleccionadora historia familiar. Pero este es otro Mundial y demasiada agua pasó bajo el puente de la Selección durante este ciclo. Nada menos que tres finales perdidas.

Con un pie afuera del equipo, demostrado durante la práctica que Sampaoli dirigió ayer en Bronnitsy, Di María acudió a las redes sociales para expresar sus sentimientos. Que sea un hombre acostumbrado a los golpes de la vida no lo inmuniza ni mucho menos. En el ranking de los memes agresivos, liderado por Gonzalo Higuaín, Di María rankea alto cada vez que las lesiones lo sacan de carrera en momentos decisivos o su tendencia a embarullarse en la cancha le quita injerencia en la marcha del equipo.

El mensaje posteado en Instagram es un grito orientado a apuntalar sus convicciones. Escribió Di María: “están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos, los que hacen promesas, los que imploran mirando al cielo, los que creen en supersticiones. Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas, los que siguen jugando cuando se les acaba el aire, los que siguen luchando cuando todo parece perdido, como si cada vez fuera la última vez, convencidos de que la vida misma es un desafío. Sufren, pero no se quejan porque saben que el dolor pasa, el sudor se seca, y el cansancio termina. Pero hay algo que nunca desaparecerá: la satisfacción de haberlo logrado. Lo que los hace diferentes es su espíritu, la determinación de alcanzar la cima. Una cima a la que no se llega superando a los demás, sino superándose a uno mismo”.

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