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Stiglitz y Phelps reafirman por qué es importante reestructurar la deuda de Argentina

Joseph Stiglitz y Edmund Phelps, ganadores de premios Nobel, reafirmaron su apoyo a la propuesta de reestructuración de la deuda externa de Argentina como ya lo habían hecho la semana pasada en una carta firmada por economistas de todo el mundo. Este miércoles también dieron su voto de confianza más de 300 legisladores de diferentes países, quienes le reclamaron al FMI y al Banco Mundial que cancelen la deuda de países pobres.

En conjunto con la economista de Harvard, Carmen Reinhart, las eminencias en materia económica volvieron a sostener que la oferta presentada refleja la verdadera capacidad de repago del país y restauraría la sostenibilidad de la deuda, haciéndola compatible con la tasa de crecimiento del país.

Este lunes, el Gobierno argentino postergó hasta el 22 de mayo el plazo de vencimiento para la aceptación de la primera propuesta de canje que implica un plazo de gracia de 3 años, una quita del 62% en intereses y una leve quita del 5,4% en el capital.

Mientras tanto, continúan las negociaciones entre el equipo económico y los acreedores para tratar de llegar a un acuerdo que contemple alguna de las flexibilizaciones que piden los bonistas.

En ese contexto, las palabras de los especialistas representa un importante respaldo a la estrategia de negociación argentina. A continuación, la nota completa, en español, publicada en el Foro Económico Mundial:

Covid-19: ¿Por qué es tan importante reestructurar la deuda de Argentina?”

Por Joseph E. Stiglitz, Edmund S. Phelps (Director del Centro sobre Capitalismo y Sociedad de la Universidad de Columbia) y Carmen M. Reinhart

Los países con elevadas deudas podrían verse sometidos a graves tensiones como resultado de la pandemia del COVID-19.

Se les ha pedido a los acreedores de Argentina que acepten una propuesta mediante la cual se reestructuran los pagos de la deuda, para hacerlos más sostenibles.

Muchos esperan que esto pueda sentar un precedente para el sistema financiero internacional, ya que el mundo continúa enfrentando las consecuencias económicas de la pandemia.

El FMI, el Banco Mundial y la ONU ya han lanzado varias iniciativas para tratar de aliviar la presión sobre los países más pobres con respecto al pago de la deuda durante la incertidumbre.

La pandemia del COVID-19 ha empujado a la humanidad hacia la peor recesión mundial en los tiempos modernos. La presión sobre las finanzas públicas se ha vuelto enorme, particularmente en los países en vías de desarrollo que ya estaban muy endeudados.

El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las Naciones Unidas han lanzado varias iniciativas para aliviar la carga de la deuda pública en esta situación extraordinaria. Como primer paso, los países del G20 acordaron otorgar una moratoria a la deuda bilateral oficial de las 76 economías más pobres del mundo.

Este momento plantea la prueba definitiva de la arquitectura financiera internacional. “Sostenibilidad” es un término ahora omnipresente en las finanzas e inversiones globales, y por una buena razón. Los principios que incorpora, como en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, hablan de construir un mundo mejor. Y esos principios son profundamente relevantes cuando se trata de la deuda soberana de los países en desarrollo con dificultades.

En el contexto de esta emergencia global, Argentina encabeza su proceso de reestructuración de la deuda pública de manera constructiva, de buena fe y con el apoyo de todos los sectores políticos nacionales. Desde 2016, cuando el país recuperó el acceso a los mercados internacionales, los acreedores externos hicieron una apuesta al adquirir deuda con altos cupones, pero compatibles solo con tasas de crecimiento extremadamente sólidas que no se materializaron. En febrero, antes de que la crisis del COVID-19 se agudizara, el FMI concluyó que la deuda pública de Argentina es “insostenible”. Existe consenso en que la deuda es impagable, y los pagos de intereses se han duplicado como parte de los ingresos del gobierno. Para ser francos, el costo de refinanciamiento se ha vuelto excesivamente alto.

Una renegociación necesita del compromiso de todas las partes. Argentina ha presentado a sus acreedores privados una oferta responsable que refleja adecuadamente la capacidad de pago del país: un período de gracia de tres años con una reducción menor del capital y una reducción significativa de los intereses. La propuesta está en consonancia con el análisis técnico del FMI, que establece que se necesitará un alivio sustancial de la deuda de los acreedores privados de Argentina para restablecer con alta probabilidad la sostenibilidad de la deuda.

El alivio de la deuda es la única forma de combatir la pandemia y colocar a la economía en un camino sostenible. Antes de la crisis, el Banco Mundial estimó que la pobreza urbana en Argentina era del 35,5% y la pobreza infantil del 52,3%. Hoy, la ONU considera que el impacto de esta amenaza en el país es uno de los peores de esta región y el FMI proyectó una contracción del 5,7% en el PIB en 2020.

Se les pide a los acreedores que reduzcan su flujo de ingresos, pero aún así recibirían tasas de interés razonables en el futuro. Argentina ha ratificado su intención de pagar la deuda reestructurada, precisamente porque pasará a ser factible con la nueva tasa de interés propuesta. Solo una economía que crece de manera sostenible puede cumplir con sus compromisos financieros a lo largo del tiempo.

El trato diferencial entre capital e intereses está diseñado precisamente para aliviar la carga del pago de la deuda mientras que el país lucha contra el COVID-19 y encamina esfuerzos a restaurar el crecimiento. De hecho, la reducción del cupón de bonos promedio ofrecida por Argentina (del promedio actual del 7% al 2,3%) es razonable dado el entorno actual de tasas de interés a nivel mundial.

En este momento excepcional, la propuesta de Argentina también presenta una oportunidad para que la comunidad financiera internacional demuestre que puede resolver una crisis de deuda soberana de manera ordenada, eficiente y sostenible. La ausencia de un marco legal internacional para la reestructuración de la deuda soberana no debería privar a los países endeudados de la posibilidad de proteger a sus ciudadanos y hacer lugar a la recuperación económica durante la mayor crisis mundial de la que tenemos memoria.

Creemos que un acuerdo sostenible beneficia a ambas partes: a una economía en dificultades con 45 millones de personas y a los propios acreedores. Ahora es el momento para que los acreedores privados actúen de buena fe. Una resolución responsable sentará un precedente positivo, no solo para Argentina, sino para todo el sistema financiero internacional.

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