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Pablo Yedlin: “El sistema de salud argentino enfrentará el más duro examen de su historia”

“Definitivamente Occidente no lo vio venir. Al menos no apreció la velocidad con que venía este virus. Y le pegó en la línea de flotación a los sistemas de salud”, afirma el diputado nacional y presidente de la comisión de Salud de la Cámara baja, Pablo Yedlin, al analizar los avances de la pandemia de Covid-19 y el accionar de los países occidentales ante la misma.
Yedlin recuerda que “todo empezó a cambiar, para nuestra percepción, cuando los casos escalaron sin control en el norte de Italia, y luego en España y Francia”, y apuntó que por hacia principio de año “el Covid-19 parecía por esos días para nada amenazante si lo comparábamos con el Ébola con su 80 % de mortalidad, o el MERS con un 40 %”, en una columna publicada en el Diario Perfil.
“Por eso quiero destacar doblemente la reacción del presidente argentino, Alberto Fernández. Si bien es cierto, que aceptó las recomendaciones de un grupo de expertos y de su ministro de Salud y que el virus llegó al final de la línea de contagios a América Latina dándonos tiempo para prepararnos, hay mucho de sabiduría en la decisión del mandatario”, enfatizó el exministro de Salud de Tucumán.
A continuación, la columna de opinión de Pablo Yedlin en Perfil:
Por qué Occidente no vio venir la pandemia
Desde que comenzó el Sars-Cov2 los distintos países del mundo respondieron de diversa maneras.
Aquellos con memoria cultural -por otras epidemias respiratorias de altísima gravedad como el SARS casi 20 años antes- actuaron rápidamente con aislamiento estricto, alto cuidado de su personal de salud y reforzando a sus sistemas sanitarios de atención de casos críticos.
Sin embargo, desde Occidente durante los primeros días de 2020 casi todos prestábamos poca o ninguna atención a esos exagerados y raros orientales que sufrían una enfermedad que, desde ya pensábamos, esta vez tampoco llegaría a nuestras sociedades.
Pero todo empezó a cambiar, para nuestra percepción, cuando los casos escalaron sin control en el norte de Italia, y luego en España y Francia.
Para los que conocemos los sistemas de salud europeos y siempre dijimos con admiración que el sistema español es considerado por el Bloomberg Healthiest Country Index como el mejor del Mundo, verlo colapsar rápidamente por un virus respiratorio cuyos “indicadores” en teoría no era tan temibles, fue doblemente impactante.
Hasta entonces, los infectólogos nos habían dicho que era un virus con un R0 (Rcero) de menos de 3, es decir que cada enfermo en condiciones ideales puede contagiar hasta 3 personas sanas. Para el caso el sarampión -enfermedad de la que nos hemos cansado de escuchar a algunas personas a negarse a vacunar- tiene un R0 de 15, o sea 5 veces más contagiosa y la letalidad en promedio parece estar cerca del 1% al 6% según el país donde se cuenten los casos, y los muertos, obviamente. O sea, el Covid-19 parecía por esos días para nada amenazante si lo comparábamos con el Ébola con su 80 % de mortalidad, o el MERS con un 40%.
Definitivamente Occidente no lo vio venir. Al menos no apreció la velocidad con que venía este virus. Y le pegó en la línea de flotación a los sistemas de salud. Los muertos se acumulan en decenas de miles, es una catástrofe de magnitudes históricas, pero a diferencia de otras veces, esta vez además nos interpela en forma doble.
Por un lado porque las catástrofes de esta magnitud a la que solíamos estar preparados las habíamos ocasionado nosotros mismos: guerras, matanzas, invasiones, revoluciones. La medicina del siglo XXI nos había acostumbrado a pensar que las enfermedades infecciosas, las epidemias, las pestes eran cosas del pasado. Por otro lado, tanto pensamos así que grupos irresponsables llegaron a cuestionar la utilidad de las vacunas. Y algunos medios de comunicación y “famosos”, se hicieron eco de estas versiones acientíficas.
Por eso nos dio en la línea de flotación, o sea que además de llevarse la vida de tantos arrasó con la vanidad omnipotente de algunos.
Por eso quiero destacar doblemente la reacción del presidente argentino, Alberto Fernández. Si bien es cierto, que aceptó las recomendaciones de un grupo de expertos y de su ministro de Salud y que el virus llegó al final de la línea de contagios a América Latina dándonos tiempo para prepararnos, hay mucho de sabiduría en la decisión del mandatario.
También quiero destacar que la gran mayoría de la dirigencia política acompañó las medidas. Pero sin la firmeza política de avanzar con un aislamiento social obligatorio tan temprano en relación al avance de la enfermedad hoy tendríamos muchos más miles de casos y los fallecidos también. Esa decisión, fue la correcta, lamentablemente muchos líderes en el Mundo no la tomaron.
Ahora el sistema de salud argentino enfrentará el más duro examen de su historia.  Con su fraccionamiento, su falta de inversión, su inequidad, su falta de recursos humanos. Deberá atender a cientos de pacientes en condiciones críticas que demandarán su capacidad y dedicación. Requerirá además del acompañamiento y el aplauso de la población general, la conducción precisa de sus subsectores, la solidaridad de sus integrantes y la valentía de sus trabajadores. Esperamos ver no solo a médicos terapistas de adultos, trabajando en las terapias, los intensivistas infantiles, los neonatólogos, los cardiólogos de las unidades coronarias, los anestesistas serán convocados a la pelea.
Sin duda será una tarea agobiante pero al menos contamos con una posición de arranque muy beneficiosa. Es nuestra oportunidad.
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